Sunday, November 7

I.

Quedamos una vez en Place Vendôme y creo que no nos volvimos a ver hasta por allá el final. De aquel año en París recuerdo el frío que empezó a hacer desde mediados de septiembre y que no llegó a terminar nunca. Los fines de semana en París parecían no tener fin y claro, en aquella época y lugar ser estudiante era un chollo: apenas clases y, cuando las había, las huelgas se sucedían unas a otras. Las calles se cortaban y los trenes no funcionaban.

En Place Vendôme, la verdad, hicimos poca cosa. Demasiado lujoso para nosotros. Yo propuse subir un par de calles y sentarnos en las escaleras de La Madeleine. Así hicimos. Luego, unas horas más tarde, recordaría con sufrimiento mi ocurrencia y el frío pasado en esa piedra.

Wednesday, May 13

Estiu, tardor, hivern.

Aquel día, después del café de media tarde, me negué a escuchar las obviedades que me brindaban sus palabras y creí, empeciñado, que todavía no era demasiado tarde, que todo aquello ni se me escapaba de las manos ni lo había hecho nunca. Y, si no me atreví a decir que tampoco lo haría jamás, fue porque un poco de razón sí que conservaba.

Ni octubre ni noviembre fueron buenos meses. Pablo y Carmen hacía tiempo que se habían marchado y de ti apenas sabía nada desde mediados de septiembre. De aquel modo, fui pasando el otoño en un piso demasiado grande para un hombre y un gato. A pesar de mi orgullo, diciembre me obligó a renunciar y a olvidarme de mis palabras estivales.

Aquel enero, como casi todos los que nos habíamos negado a aceptar la realidad, acabé por marchar. Así, terminó cumpliéndose eso que Paz se atrevió a decir, que siempre ocurre que las cosas importantes pasan cuando hace mucho frío.


Sunday, January 11

The bad guy.

I suppose he had an unhappy childhood. That's easy to say now we all know what he's done. However, I did think he was a sad person the first time I met. He had an old-fashioned way of wearing and he used to shout and talk as if we had to pay attention to him all the time. I must admit I got on well, we became friends rapidly and we met every fucking sunday evening of that November. Then he met Suzzie and it was the first time I thought he was happy. His eyes gleamed and all was easy, it was Christmas and they were glad.

We didn't met for a long time after Christmas because I was working in a new project and was very busy and I couldn't stand Suzzie, who was really stuffy and a fucking disaster as a person. It was May the 3rd the last time I saw him. He had broken up with Suzzie and was sad again.

That June I ended that project I was developping and I left the island and I didn't see him anymore. Three years later I found out he had killed her and he had been imprisoned.

Saturday, December 27

Wicked games.

Todavía con lágrimas en los ojos, acababa de recorrer los metros que le faltaban a esa calle para dejar de ser Avenida de Alemania y serlo de Portugal. Poco o nada duraría yo en aquella, tan sólo el tiempo preciso para observar los vestigios de la exigua arquitectura racionalista que habita la ciudad y cruzar el semáforo que me llevaría hacia Ramón y Cajal.

El aire se entornaba enrarecido frente aquella biblioteca que jamás había sido mía, tan sólo algunas horas del invierno anterior frente a un libro de Derecho Romano que jamás volvería a abrir y del que no bebería lo suficiente. El torrente quería ser río y yo, sin saber por qué, me dejé llevar por aquel sentimiento de ciudad no demasiado provinciana para convencerme de que aquel olor era el mismo de un año entero de Derecho.

Y seguí por aquel Ramón y Cajal para girar en Avenida Argentina y seguir atravesando Industria y Murillo y Caro, hasta llegar a Fábrica donde sí me detuve y giré a la derecha. Lo cierto es que sí me sorprendí al ver abierto aquel café con olor de un año entero de Derecho. Entré y me tomé el café que no me había tomado los últimos cuatro meses para, finalmente, volverme hacia casa, sabiendo ya que el aire enrarecido se debía a la lluvia que iba a caer horas más tarde.


Tuesday, December 16

Poznan.

We didn't wait until the sunrise. We left that god-forsaken hostel in the middle of nowhere and we run to take the first of all the buses and trams we had to take to get the meeting point. In fact, our sleepy mood and behave didn't let us have a right perception of the Polish public transport system. Thus, we ended thinking it was just an old bus and an old tram and that was it. And it wasn't.

People looked tired. Tired of living, of life, of that heavy sky of clouds and rains. Tired of the cold, and misery, and poverty and all those feelings I believe I don't feel.

I'd been told they're nice people, and they are. They are nice people. I do think so, though I also think they are unhappy. All that atmosphere in which they were involved was grey, all was grey and uncoloured and, why not, death.

Death could be heard and smelt. Death was everywhere. Yet, you could also feel the satisfaction of those who were alive, those who had survived and still were.

Anyway, we were there to think of future, weren't us?

Monday, September 1

Rainy days makes me feel on Sunday

(Even if it's Monday)














I no deix de pensar que anit em va ésser curta, amb una Palma nua de vida i de gent. (I la poca que hi havia no estava precisament pendent de nosaltres tres).

Vaig palpar un cop més l'alborada, encara que només ens fessin les tres. Així ho vaig creure i així va ser, perquè ahir encara era agost i això ho diu tot.

I ja sé que això no és cap text decent. Però d'això se'n tracta, no? De fer un text poc decent i, si s'adequa als requisits formals, presentar-ho a l'ArtJove.

Serà millor que ho deixi fer. Demà serà dimarts i hem d'agafar un avió a Berlín.

Wednesday, August 27

Sickness.

Vomité la sangre que guardaba en mis entrañas y dejé que ese sudor caliente me devorara hasta el fin. Y, aún así, apenas creí atisbar el significado de enfermedad, de guardar cama y de cuarentena.

Por supuesto, había creído que aquellas pastillas milagrosas, blancas inmaculadas todas ellas, iban a poner de su parte todo lo que ni el propio dueño del cuerpo quería o podía poner. 


Monday, August 4

Draft.

Apenas un suspiro de, sí, tiempo y, sin embargo, mi cabeza parecía alejada a cientos de kilómetros de distancia. Me desvanecí en el aire en aquel momento, aunque supongo que era debido al ambiente caluroso y a mis pocas predisposiciones a hacer ejercicios de socialización ni de sociedad. Mientras tanto, continuaste de actor en aquella farsa hasta que, por fin, te encontré esperándome en silencio al otro lado de la verja. Te distinguí desde la ventana. Te miré y bajé al jardín a saludarte. –Curiosa acción en un piso no demasiado céntrico de la ciudad–. Pero bajé y te saludé en aquel jardín.

Lo llamo, y lo llamábamos jardín, aún a sabiendas de que nada había crecido nunca allí. Apenas unos hierbajos y poca cosa más. Pero no íbamos por ello a calificar al jardín -tan noble como otro cualquiera- de terraza o descampado.

Supongo que debería haberte besado. Ahí, cada uno en su lado de la verja. Aunque hubiera sido demasiado cursi. Algo totalmente alejado a nuestro sentir y a nuestras teorías del amor. Apenas un suspiro de, sí, otra vez, tiempo y tuve que marcharme a cenar, sabiendo que, a la vuelta, no te encontraría allí.

Sunday, July 6

Étourdi.

Jo no obriria els ulls, jo no juraria
que, d'un moment a l'altre,
no es pegués tot foc.


Pero escribo mientras me desvanezco entre suspiros de risas ajenas, entre retazos de poemas del medievo de autores del medievo con pensamientos del medievo. Y me sorprendo justificándome, diciéndome que es pura curiosidad. Como si necesitara excusas. Como si fingiera que soy yo quien las quiere y no la sociedad que las impone.

Y termino. Escribiendo versos ajenos en catalán. Aunque no sean del medievo. Ni siquiera con pensamientos del medievo. Pero los escribo. Sin excusas, sin pretextos.


[yo no abriría los ojos, no juraría
que, de un momento a otro
no se incendiara todo]

Wednesday, June 18

Denver, CO.

Y todo lo que le siguió -y le hubo precedido-. Porque al llegar al propio punto de destino, al lugar preciso, al sitio en cuestión, todo el camino cobró su sentido. Si es que alguna vez lo había tenido.

En esa ciudad, aparcada, sin saber ni cómo ni cuándo, en la mitad del camino, nos deseamos suerte el uno al otro, como si creyéramos que nos volveríamos a ver, como si creyéramos que aquello era jugar a vivir.

Pero lo dijimos. Y, lo peor de todo, es que nos lo creímos. Para mis adentros me dije que esperaba no necesitarla, pero, lo cierto es que aquel juego era un tanto más peligroso de lo que yo pretendía hacer ver.

Ya sólo quedaba salir a medianoche -cualquier otra hora hubiera sido mucho menos literaria- y pararse en la carretera a hacer autostop -por no llamarlo hitchhiking-.

Aunque ya dejo dicho que yo no inmortalizo a autores, ni mucho menos a libros que todavía no he terminado.

Saturday, June 14

Declaración de Intenciones.

Sentado en el alféizar de la ventana consigo distinguir en el eternamente infinito cielo azul unos cuantos cirros ligeramente rojizos que se deslizan al compás del aire vespertino.
Aquí, sentado en el alféizar de esta ventana que tantas veces, demasiadas, se ha quedado cerrada, puedo oler lo que en su día se llamó “CARPE DIEM”. Sí, sin duda huele a esta brisa marinera de los barrios de pescadores mediterráneos.
Así, me deslizo a través de mi vida para recordarme que más me vale empezar a tomarme en serio estos tópicos latinos o, en su defecto, padeceré las típicas sensaciones del acomodado hombre de clase media: estrés, vacío, infelicidad y cansancio.
Éste, el cansancio, no será precisamente físico sino Psicológico. Cansado del mundo que nos rodea. Por eso necesito sentirme cansado físicamente para saber que hago algo bueno con mi vida, que no la desmigajo por siete días más de protocolario y absurdo monótono vivir.
Con el cansancio sabré que, no en vano, he subido al alféizar aun con riesgo a caerme. Sin embargo, deberé aprender a sentir ese vacío bajo mis pies porque eso es lo que los demás sienten en sus vientres.
Nadie más sabe que estoy aquí. Solos tú y yo. Bueno, y el viento que todo lo mueve que a mí me deja permanecer sentado, sin caer. Éste, el viento, no está atado ni ata ni nada.
No quiero gritar, cual poeta romántico, que quiero ser el viento, ni siquiera el mar que baña esta isla.
– ¿Entonces qué? ¬– preguntaste de manera curiosa.
Mi sonrisa simple y llana respondió en su momento que quería ser yo mismo, encontrar mi espacio y jamás salir de él, que la vida fuera un desenfreno, pero que no por ello fuera de fiesta y borrachera en orgía hasta que la sepultura diera conmigo.
Hoy, en el alféizar, no tengo contestación posible. Ni siquiera la lejana canción de los cuatro de Liverpool me indica un camino. Tan sólo suena y suena en un constante suceder entre la canción anterior y la siguiente.
Y así, mientras el disco gira en su vinilo, yo siento un hambre inusitado. Es la vida que me llama para ser comida.
¿Qué impedimento le puedo poner yo? ¿Acaso soy un holandés que le pone diques al mar? No, no le puedo poner ni diques ni impedimentos a mi vida. Tarde o temprano la cosa explotará. La vida exige ser vivida como se merece y el alma de burgués atolondrado no cabe dentro de mí.
Ya dije antes que tampoco soy el bohemio romántico en su casa destartalada. No, mi vida tampoco debe ser una bacanal.
Ni lo apolíneo ni lo dionisiaco. Deja que ambos fluyan en ti gritó alguien en su momento, aunque parece que ni siquiera los vecinos de arriba se dan cuenta del aire que corre.
La ropa tendida se va volando y yo sigo aquí, sentado, no nado a contracorriente. Simplemente, no nado.
¿Para qué tomar direcciones que sé que están equivocadas?




y a lo lejos una voz me pide bajar del alféizar…

Sunday, May 25

04:05 am - 18º

Eso marca el termómetro de Camino de Son Rapinya s/n en sus inicios, entre Picasso y Ripoll i Trobat. Llueve, apenas se nota, pero no dejo que mis pies se mojen más. Sigo con mi paraguas - el de Koke -, aunque me guste decir que me gusta la lluvia, aunque me guste la lluvia. Y sigo porque estoy cansado, porque, ¡qué coño! son las cuatro de la mañana y estoy caminando hacia casa. Porque ya llevo un buen rato caminando y me importa poco lo que me espera.

Pero me giro para ver todos y cada uno de los -pocos- vehículos que pasan. Coches, motos, camiones de la basura, policía, taxis. Taxis. Y me digo que el siguiente que pase vacío le voy a gritar 'Taxi'. Porque esta lluvia me empieza a mosquear y uno está cansado, con sed y ganas de lavarse los dientes. Y toso, pensando que así me alivio la sed, porque tiene tela la sed que tengo y lo mucho y poco que llueve.

Me repito que debería de haber avisado de que no vendría a dormir, que hubiera sido mucho más fácil quedarme en tu casa o, por lo menos, mucho más práctico. Pero me conformo con mantener mi respuesta. Y con añadir que estaré bien, que no es para tanto y que no tengo miedo.

¡Ni que me fueran a atracar! Y lo cierto es que ni psiquiátrico, ni cementerio, ni los grandes y siniestros parques que marcan el camino de vuelta me asustan. Más lo hacen los coches que pasan junto a mí y me miran, con resignación, porque nadie quiere pararse en un paso de cebra a las cuatro de la mañana. Si es que paso por ahí. Porque cruzo por donde quiero y como quiero. A pesar de que sé que moriré atropellado un día de estos.

Llueve un poco más, agarro más fuerte el paraguas, pero el viento se ríe de mí. Se ríe y juega con mi paraguas - el de Koke -. Sigo andando y dejo atrás los hospitales y casas residenciales cuyos jardines he revisado uno a uno. Una verja abierta en mitad de la calle, la noche oscura y la lluvia. Me giro para encontrarme con mi sombra.

Me protegen del miedo la oscuridad, la mala iluminación de la ciudad y las aceras arboladas. Sólo el ruido de mis pasos me delata, y algún que otro crugir de caracol bajo mis zapatos. Pero nadie pasa por la calle a estas horas y los que pasan poco me van a decir. Les basta la cara de asombro.

Y me palpo. Todavía no me he quitado el traje de luto. Parece que empieza a parar de llover. Tiene narices la cosa que cuando llegue a casa pase esto. Pero ahora prefiero que siga lloviendo. A este ritmo mañana me quedo a estudiar y no salgo a la calle. Me voy a quitar los zapatos, que están mojados.

Sunday, May 18

Su diástole de vida y su sístole de muerte.

Y sus idas y venidas en un domingo a su más puro estilo de domingo. Encerrado, lluvia y oscuridad invernal. Con una liga que se muere sin que yo le haya prestado el más mínimo interés. De un partido en la otra sala. Y mi cabeza en la ventana. Ya no llueve - abro la ventana y saco la mano para comprobarlo -. Efectivamente, no llueve.

Y el sol que no quiere salir. Ni yo estudiar, ni tú dejar de ser así como sólo tú sabes ser. Como para que luego me vuelvas a pedir que no falte a clase y me digas que los lunes son lunes para algo, para dejar atrás el fin de semana.

Pero te conteste, una vez más, que esto es un domingo a su más puro estilo y que, por tanto, mañana será lunes, con o sin las clases. Mañana estudiaré. Pas aujourd'hui.

Aun con tu diástole de vida y tu sístole de muerte, bebo de ti. - y vivo y muero-.

Tuesday, April 29

Rocío.

Apenas nos habíamos visto dos veces y ya creía conocerte mejor que a mi padre. Cuando aquel 29 de abril te vi llegar bajo el paraguas amarillo, supuse que dos veces tal vez no eran suficientes. Pero, por aquel entonces, ya confiaba en ti. Ni siquiera aquel clima de blanco y negro previo a la segunda guerra mundial, me daba a entender que algo no andaba bien.

Entramos en el café Bruselas. Pediste tú, al tiempo que encendía un cigarrillo para ti y sacaba otro para mí. Te lo fumaste en silencio, como en los poemas de Prévert. Aunque tú no lloraste. Ni siquiera yo lo hice. Te conté mi mañana pasando informes a máquina y me dijiste que tal vez irías a Londres, que las cosas pintaban mejor allí y que iba a ser más pronto que tarde. Te dije que yo me iría a Dublín, que aquí había poco que hacer. Te cogí de la mano y te pedí que nos fuéramos.

Al salir ya no llovía, pero abriste tu paraguas. Te abracé y cada uno se fue por donde había venido. Luego recordé que había estado preocupado por las manchas de tinta en mis manos.

Tuesday, April 22

Aujourd'hui, maman est morte.

Camus me vendió en algún zoco marroquí y allí empecé a ser menos él y más yo. Supongo que, de alguna manera, valió la pena todo aquello. Morir, lo que se dice morir, no morí. Ni tampoco lo hizo mamá. Camus me mintió una vez más. Pero yo sí pisé el freno.

Me desperté con la marca de la almohada en la mejilla derecha. Recordé que te habías ido mucho tiempo atrás. Apenas me había levantado y creí oír el teléfono sonar. Rachid. -mi compañero de piso-. Al otro lado del delgado tabique, Rachid hablaba en un acelerado árabe, pero sus palabras las sentí tan lejanas como tu voz. Sabía que si miraba el mar, a lo lejos, podrías verme. Olvidé demasiadas cosas. Y, a pesar de mi balcón marsellés, no te vi al otro lado del mar.

Tant pis! Plossu me lo perdona todo.

Monday, April 14

14 de Abril.

–¿Quién le mató, abuela?
–Todos –me contestó, y jamás he vuelto a contemplar una cara más sombría–. Le matamos entre todos. Yo, tu padre, el gabinete de Guerra, el ministro de justicia, la Segunda República Española, este maldito país, mi hermana Elena, mi cuñado Paco, y un soldado de Franco, o dos, o tres, o un regimiento entero que disparó a la vez, porque eso nunca lo he sabido...

No quiso hacerme caso, aquella vez no quiso. Solía escucharme, ya te lo he dicho, siempre tenía en cuenta mis opiniones, y yo se lo advertí, no sé por qué, pero aquella vez lo vi clarísimo, vi que aquel camino sólo nos llevaba a la ruina, y se lo rogué, se lo supliqué, se lo pedí por favor, mil veces, no aceptes ese puesto, Jaime... Él no me contestaba, y yo seguía hablando sola, estrellando mis palabras contra sus oídos como se estrella una pelota contra una pared, y recuperándolas después, intactas, una vez, y otra, y otra, y otra. Pero ¿es que no ves que no lo quiere nadie?, le decía, tú no le debes nada, que nombren a uno de los suyos, uno de esos que han medrado a su sombra, pero a ti no... No debería haber aceptado, y él lo sabía, nunca tendría que haber aceptado, tenía miles de excusas para negarse, ni siquiera era fiscal, ¿sabes?, y yo hubiera hecho cualquier cosa para impedirlo, cualquier cosa, se lo pedí de rodillas, un montón de veces... Pero nada, él ni me miraba, y no me decía nada, nada hasta que se puso de pie y me gritó, me gritó con auténtica violencia, como no me había gritado nunca. ¿Es que no te das cuenta?, me dijo, ¿o es que te crees que estamos jugando a la gallina ciega? Esto es una guerra y no están matando a la República precisamente, olvídate de eso y deja de llorar por la República, porque a quien están matando es a la gente, matan a la gente... Sus palabras me avergonzaron, y me callé. Él me pidió perdón, me abrazó y me besó, y entonces adiviné que iba a aceptar, aunque sabía de sobra dónde se metía. Tres o cuatro meses antes, una noche cualquiera, cuando nos fuimos a la cama, me dijo en voz muy baja, casi susurrándolo, que la guerra estaba perdida, que sólo quedaba esperar un milagro porque ya no había nada que hacer. Yo no quise creerle, porque las noticias no eran muy buenas, pero tampoco malas del todo, estábamos en el año 38, y yo creía, y lo creía sinceramente, que íbamos a ganar la guerra, todo el mundo estaba seguro, y todavía no era como después, cuando me levantaba por la mañana y me obligaba a tener fe, para no tener que pensar en lo que significaría la derrota, sobre todo desde que tu abuelo aceptó ese maldito puesto.


Malena es un nombre de tango
Almudena Grandes

Tuesday, April 1

Uno de abril.

Sería muy absurdo pretender que, de aquello, sólo rescato el Hotel Gaudí, sus salas y lo que en ellas ocurrió, porque, entonces, estaría omitiendo los meses anteriores, las dudas, el nerviosismo, las ilusiones, el tren multicolor que llega a Monfalcone, las personas, las amistades y todo lo que vino después.

Omitiría también vuestras caras, nuestro paseo por el Prado, una cena en un bar cutre de Madrid y el paso al futuro.

Y dos de abril fue quizás más uno de abril que el propio uno, así como también lo fueron Castillos de Cartón y una soleada Pascua gaditana, Agosto de 2007 y nuestros reencuentros, Café Bruxelles, de mis viajes a Granada y el regreso a Madrid.

¿Cómo fue tu primer día en India?

Sunday, March 16

Rissaga.


Apenas recuerdo nada de aquel largo y estrecho, cual ría, puerto. Tan sólo vagas imágenes de horas pasadas esperando que el barco llegara, atracara y volviéramos. Entre tanto, los paseos por el muelle, la rissaga, las callejuelas estrechas y la brisa llenaban todas las aspiraciones que le pudieran quedar a un viaje por terminar.

Y, sin embargo, a pesar de todo, te amé como un estúpido - porque no se puede amar de otra forma - y decidí que allí quería terminar mis días. Aunque yo, poco convencido de mis promesas, tampoco esperaba incumplirla de una manera tan flagrante. Apenas dos días más tarde deseché la idea inicial y me olvidé de Ciutadella. Supongo que dejé de quererte - tanto - cuando conocí a la otra, a Maó.


Friday, February 29

Marc Capaldi

Marc Capaldi, italo-americano, agente publicitario, 46 años, tres libros de poesía publicados. Quedamos en su casa del West Side. Cuando salimos, se metió uno de sus libros en el bolsillo. No sé por qué le da por cargar con sus poemas en sus incursiones por aquellos pozos de negrura y soledad, donde busca desesperadamente mitigar el dolor con unos cristalitos de cocaína y las migajas de afecto que caben en un estallido de semen comprado. Le atraen los tipos patibularios, cuanto más mejor, igual que los antros donde va a buscarlos. Habíamos estado hablando de poesía en su casa, antes de salir. En el cuarto o quinto bar, arremetió contra mí:

La canalla, me dijo, el culo del mundo. Sangre y mierda, detritos urbanos, los despojos de la humanidad. Ángeles sucios, no como los de tu Rilke, que ni tienen sexo ni saben de la vida.
Su rebeldía tenía algo de adolescente, y además estaba muy borracho, pero había estado mirando sus libros, y su poesía es así, manchada de sangre y mierda, hundida hasta el fondo en la desolación y la podredumbre. Sólo que al final, extrañamente, había una lucecita que permitía aferrarse a la esperanza.

Sí que tienen sexo, dije, pero no nos vamos a poner a discutir de poesía ahora.

¿Por qué, porque estamos rodeados de putas, delincuentes y maricones, yendo de bar en bar de mierda?

No, no es por eso.

Porque si es por eso, la mierda está para hurgar en ella. Por eso no me valen tus poetas. Ni siquiera Blake, por más que hable del infierno. Gente como Burroughs o Bukowski, todavía. Por lo menos, si se molestan en tener conversaciones con los ángeles es porque tienen intención de tirárselos y después limpiarse el culo con las plumas.

Vamos a dejarlo, Marc.

¿Y por qué? Es ahí donde está lo que buscas, y no en Rilke y todos esos poetas que te inflas a leer.

Nos acabamos de conocer, ¿cómo puedes saber qué es lo que busco?

Muy fácil. Buscas lo mismo que yo, sólo que no lo haces donde debes.

¿Y dónde se supone que tengo que buscar?

Ya te lo he dicho. En la inmundicia, manchándote el alma. Sólo así encontrarás lo que estás buscando. Sangre, mierda y semen, no lo olvides, como cuando te dan por culo, cosa que te pierdes por no ser maricón. Y un poco de coca. Follar y esnifar sin protección. Y si la palmas qué más da. Mejor. Te hacen ceniza, te meten en una urna y arreglado. ¿Qué es lo que busca la llamada gente de orden? ¿Hacerme creer que me voy a morir por echarme un polvo? Pues vale. Lo que cuenta es poder rozar la eternidad, aunque sólo sea un instante. Que nos quemen. A Dios le da exactamente igual.

El dueño del bar me llamó aparte y me dijo que tenía un minuto para sacar a Marc de allí, de lo contrario le encargaba el trabajo a los matones. Se llevó la mano a una medalla de oro que le colgaba del cuello. Aquí somos católicos, y no nos gusta esa gentuza. Y cuando se recupere de la cogorza dile a ese hijo de puta que no se le ocurra volver a asomar el hocico por aquí.
Marc fue a decir algo, pero le tapé la boca, lo arrastré a la calle como pude, lo metí en un taxi y desaparecimos.



de Llámame Brooklyn,
Eduardo Lago.
Premio Nadal 2006.

Saturday, February 16

Where I said 'say', I say Sayid

Hay veces en que sabes qué va a acontecer. Ésas son las mejores.

Me esfuerzo en intentar recordar, en intentar vislumbrar lo que un día llegó a suceder y me doy cuenta que quizás ni siquiera existió, que quizás todo sea parte de mi imaginación, de su imaginación, o que puede que tan sólo lo haya soñado.

Aún así, me permito pensar que no me lo invento, que sí tiene algo, que es una verdad, que no es ficticio, pero me devuelvo a la realidad diciéndome que no consigo percibir de cuándo, de dónde y de qué se trata o siquiera de si se trata de algo, de si es certero este pensamiento, de si es real.

Ojalá fuera un sueño porque no creo que pudiera seguir con este 'Déjà vécu' por más tiempo sin lograr adivinar en qué lugar, con quién y cuándo fue. Sólo espero que sí, que sea un sueño, como los de Emil Sinclair porque, de otra forma, no sé cómo podría explicarlo. Ni siquiera éstos, sus sueños, me dan una visión clara de la situación, no.

En alguna madrugada, que parece ya muy lejana, me susurraste al oído que la adoración al fuego no ha sido la mayor tontería que se ha inventado. No obstante y, aunque no eras tú quien hablabas, el otro lo hacía con tu voz y con tu ser, erais dos, erais uno sólo. Sólo tú y sólo tú. Me hablaste de esto, eso y aquello y me encandilé con tu manera de hablar y con esa amistad que me ofrecías.

Escuchando lo que me decías me quedé dormido y desperté sin pensar en mañana, tan sólo en seguir escuchándote. Pero, de pronto, tuve que admitir que no siempre ibas a acudir a caballo. Cerré los ojos otra vez y me callé. Apenas volví a hablar durante toda la mañana.

"Dos mundos se confundían allí: de dos polos opuestos surgían el día y la noche."
Un día dijiste Alea iacta est y yo ahora debo decirte hasta luego, Demian.



Pues eso, que donde dije 'digo', digo Diego.